Wednesday, May 23, 2007
Tuesday, May 22, 2007
A que le apuntamos?

En esta charla vamos a entrar de lleno a la dimensión misteriosa de las realidades eternas, el mundo viviente de lo perpetuo en lugar del mundo agonizante del presente, el dominio imperecedero de la eternidad por oposición al espacio pasajero del tiempo, esa dimensión fascinante y en gran medida imperceptible para nuestra visión mortal, tan terrena y temporal.
La Biblia nos exhorta así: «Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la Tierra, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas» (Colosenses 3:2). «Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija del Faraón —pudo haber llegado a ser rey de Egipto—, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; ¡porque se sostuvo como viendo al Invisible!» (Hebreos 11:24-27).
Desde los albores de la Historia, todos los que son hijos de Dios por la fe han buscado un mundo invisible, «una ciudad que tiene fundamentos», cimientos eternos, «cuyo arquitecto y constructor es Dios. Sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos [...]. Confesando que son extranjeros y peregrinos en la Tierra que buscan una patria mejor, esto es, ¡celestial! Por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, porque les ha preparado una ciudad»; ¡nada menos que la Ciudad Celestial que descenderá de lo alto, de Dios, y estará entre los hombres! (V. Hebreos 11:10,13-16, Apocalipsis 21:2,3.)
Esta es la esperanza de todos los tiempos: ese mundo eterno, que ahora mismo es invisible, donde moraremos con Dios para siempre, la Ciudad Celestial descrita en Apocalipsis 21 y 22 y mencionada en muchos otros pasajes en la Biblia. En eso tenemos todos cifradas nuestras esperanzas; no se trata de castillos en el aire, sino de un paraíso terrenal, un Cielo nuevo y una Tierra nueva con esa Ciudad Eterna.
Sin embargo, en este momento ese invisible Reino Celestial ya existe y actúa. No sólo nos rodea, sino que está dentro de nosotros. Jesús dijo: «El Reino de Dios está dentro de vosotros. [...] Si Mi Reino fuera de este mundo, Mis servidores pelearían, pero Mi Reino no es de este mundo» (V. Lucas 17:21; Juan 18:36.) Es decir, no a la manera de este mundo, con sus reinos terrenales formados por hombres de carne y hueso, reinos de gente malvada, de espíritu malvado, sino un Reino del Espíritu de Dios, invisible por ahora, que ya mora en nuestro interior, y que «vemos como por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conocemos en parte; pero entonces conoceremos como somos conocidos» (1Corintios 13:12). El fascinante mundo espiritual, el Reino de Dios, donde todo es mucho más claro, más verdadero y eterno. ¡Porque la apariencia de este mundo pasa, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre! (V. Lucas 17:21; Juan 18:36, 1 Corintios 7:31.)
Es poco menos que imposible describir esa dimensión espiritual del presente —sin hablar ya de la del futuro—, pues todo lo que conocemos sobre ella es lo que dice la Biblia, lo que sabemos por testimonio de otras personas y lo que hemos experimentado nosotros mismos, todo lo cual es bastante limitado.
Para simplificarlo, podríamos presentarlo desde una perspectiva algo infantil y con cierto enfoque científico. Con nuestra limitadísima capacidad, intentemos comprender en alguna medida esa realidad casi inabarcable; no la del futuro, sino la que ocupamos ahora; no la física, sino la espiritual, la quinta dimensión. Como todos sabemos, según la ciencia hay cuatro dimensiones inherentes a la existencia de la materia: para que sea posible su existencia, todos los objetos físicos deben contar con longitud, anchura y altura. Estas tres dimensiones determinan el espacio. Hay una más llamada tiempo. Las teorías de Einstein demostraron que tiempo y espacio están estrechamente ligados. Según su teoría de la relatividad, nada puede ocupar un espacio físico sin que exista tiempo. Para que algo exista es esencial el tiempo.
Tengo en las manos una tarjetita postal muy llamativa que presenta una bella escena subacuática de la hermosa y colorida creación de Dios. Lo curioso de esta tarjetita es que si la miro de costado no veo sino dos dimensiones: la longitud y la anchura. Me ubico así en el territorio del planícola, que sólo comprende su reducido mundo bidireccional carente de profundidad. ¡No ve nada más! Al observar esta tarjeta de costado, yo tampoco veo nada más. Si fuera un planícola insistiría en que no hay ninguna dimensión aparte las dos mías, sólo porque no las percibiría visualmente.
Sin embargo, desplacémonos en una dirección nueva y desconocida para el planícola: la altura. Ascendamos al nuevo mundo de la tercera dimensión. Ahora contemplamos la postal desde arriba y descubrimos un mundo sorprendente. Esta tarjetita que para los planícolas es bidimensional resulta ser tridimensional. Es muy singular, pues de costado parece tener sólo dos dimensiones —largo y ancho—, pero vista desde arriba de repente adquiere una dimensión totalmente nueva, llamada profundidad. De hecho, me da la impresión de que puedo penetrar en la imagen con la vista. Ciertos objetos aparecen delante de otros. Hay un junco que crece delante de un precioso coral rojo; entre ellos nadan los peces, y el lecho sembrado de piedrecillas se desvanece en la distancia, ¡más allá de donde alcanzo a ver com mi nueva perspectiva tridimensional!
Hemos penetrado en un nuevo mundo, fuera del alcance del pobre planícola —en el supuesto de que existiera—, que sólo puede ver en dos direcciones. Miramos en una nueva dirección que aporta altura y profundidad, y nos presenta todo un mundo por explorar. «¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son Sus juicios, e inescrutables Sus caminos!» (Romanos 11:33.) Ahora somos como un dios a los ojos del planícola, un ser que escapa por completo a su comprensión.
Desde el punto focal en que ahora estamos situados, por encima de su plano inferior de apenas dos dimensiones, nos ha perdido por completo de vista, pues él no ve ni hacia arriba ni hacia abajo, y a menos que buenamente tengamos la gentileza de descender hasta su nivel no podrá vernos en absoluto y mucho menos entender nuestra nueva dimensión.
Para ponernos a su nivel tenemos que situarnos en un plano exactamente igual al suyo, que se ajuste por entero a sus dos dimensiones, en una zona muy limitada. Entonces sí que nos vería. Pero en el instante en que variemos nuestra posición saliéndonos una pizca de su órbita, nos perderá de vista.
Esto sí que es alucinante. Ahora nuestro mundo tridimensional adquiere unas proporciones espaciales casi infinitas, mucho mayores y superiores. Es tan vasto, profundo y elevado que el planícola jamás podría entenderlo ni entendernos a nosotros. Escapa por completo a su esfera, tiene una profundidad de la que él carece, y es mucho más amplio que su reducido plano, un mundo enteramente nuevo, un mundo espléndido y grandioso cuya existencia ignora, por la simple y sencilla razón de que no lo ve. Es un mundo en el cual vivimos y existimos gracias a la cuarta dimensión, el tiempo.
El planícola no puede vernos excepto cuando descendemos por unos instantes a su angosto plano y nos colocamos dentro de su limitadísimo campo. En cambio, nosotros podemos verlo a él en casi todo momento y desde cualquier ángulo, ya sea dentro o fuera de su dimensión; desde arriba, desde abajo o desde su propio plano.
Como nuestra dimensión está totalmente fuera del alcance de la ciencia de Planolandia, su chato y reducido cerebro no conoce otra cosa que sus propias magnitudes. Por tanto no entiende nuestra dimensión, no sabe nada de ella. Nunca la ha visto ni mucho menos se ha visto inmerso en ella. Lo que hace es mirar con desdén tales disparates y afirmar que ni nosotros ni nuestra dimensión existimos.
Aun si fuera posible mostrársela, estaría tan fuera del alcance de su percepción bidimensional que probablemente haría como aquel campesino que, la primera vez que vio una jirafa, exclamó: «¡Eso no existe!» O como mis hijos cuando eran pequeños y queríamos que comieran algo nuevo. Uno de ellos dijo una vez, cuando tenía 4 ó 5 años: «¡Sé que no me gusta porque nunca lo he comido!»
«El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura» (1 Corintios 2:14). Para él no hay tal cosa, porque nunca lo ha visto; y sabe que no le va a gustar porque jamás lo ha probado.
La verdad es que a nuestro pobre planícola —con capacidad de actuar en un solo plano— el orgullo le impide reconocer que puede haber un nivel superior al suyo en el que nunca ha estado y al que de hecho no puede acceder a menos que se le dote de alas tridimensionales y se le conceda tiempo para visitarlo.
Pobre hombrecillo! ¡Qué limitada es su visión, qué estrecho su mundo, qué restringido su radio de acción! Como no puede ir a ningún otro sitio, ¡no quiere admitir que exista esa dimensión! Se indigna con cualquier planícola que le diga que en alguna ocasión fue elevado a ese otro mundo ayudado por una criatura tridimensional, para echar un vistazo a lo que hay más allá de su reducido plano. Si no lo ha visto, ¡no existe! Se niega a reconocer nada que no pueda ver en su limitado plano bidireccional. Sólo conoce la geometría plana; para él no hay medidas cúbicas. «¡Al diablo con los cubistas!», dice el planícola.
¡Qué insensato! ¡Cómo puede asumir semejante actitud cuando no tiene ni idea de lo que pasa! En todo caso, el hecho de que no crea en algo no anula la existencia de ello.
Lo mismo pasa con el hombre cúbico natural de cuatro dimensiones. Es un cabeza dura, un cerrado de mollera que se resiste a creer que exista lo que llamamos quinta dimensión, un mundo espiritual, por la sencilla razón de que nunca lo ha visto o no ha estado en él. Se enfurece con todo el que asegure haber estado ahí, pues eso lo hace quedar mal parado, por debajo de esa quinta dimensión, del mundo espiritual, del ámbito celestial, que según él no existe, simplemente porque él no lo ha visto ni ha estado ahí.
Eso sería tan absurdo como decir: «¡No creo en la existencia de Nueva York o de Londres porque nunca he estado en esas ciudades! Aunque los viajeros en el tiempo y el espacio afirmen que Nueva York y Londres existen, y que han salido de mi mundo, han visitado dichas ciudades y las han visto con sus propios ojos, me niego rotundamente a creerlos, porque yo nunca las he visto ni he estado en ellas.» ¿Puede haber mayor ridiculez?
Así de necio es el hombre natural que rechaza la existencia del ámbito espiritual. Por mucho que se le lean pasajes sobre el tema en la Palabra de Dios y se le relaten experiencias personales que se hayan tenido allí y de lo que se ha presenciado en el país de la quinta dimensión, en el mundo de las maravillas del Espíritu, él seguirá negándose a creer. No le hace ninguna gracia admitir que otro posee una visión y una dimensión de las que él carece, una percepción espiritual que a él le falta: la de la Eternidad, que su diminuta mente temporal no puede ni quiere comprender, puesto que lo rebajaría a un nivel inferior. Preferiría morir antes que aceptar la existencia de un plano superior a él. ¡Pobre planícola estrecho de miras! ¡No lo soporta!
No te quepa duda de una cosa: ¡no es que yo haya oído simplemente hablar de esas cosas, haya leído sobre el tema o haya visto escenas de ese mundo, sino que he estado allí y sé que existe, por increíble que parezca. Si no estás dispuesto a admitir que tengo algo de lo que careces y que también te gustaría recibir… si no inquieres humildemente en cuanto a la verdad, confiesas tus limitaciones y pides a personas espirituales que te ayuden a descubrir una nueva dimensión, jamás conocerás las indescriptibles alegrías, las bellas visiones, los preciosos sonidos o las extáticas sensaciones de ese mundo maravilloso y celestial.
Es posible que Dios, misericordiosamente, te deje vislumbrar el Cielo por la ventana del espíritu; pero si te niegas a aceptarlo o a creerlo y lo rechazas, es probable que nunca lo vuelvas a ver.
Es ese brillo que ves en nuestra mirada y que no entiendes; esa luz que refleja nuestro rostro y que no alcanzas a comprender; esa atmósfera de felicidad, casi palpable, que emana de nosotros y que te resulta difícil creer. Te sientes como pez fuera del agua, como un planícola fuera de Planolandia. O inicias una vida nueva y adquieres una nueva perspectiva mediante el Espíritu, o morirás. Volverás a tu mundo natural y seguirás tan insensible espiritualmente como antes. ¡Pobrecito! ¡Qué pena! ¡Jamás sabrás lo que te perdiste! Casi lo alcanzaste... ¡pero se te escapó!
En fin, todavía ni he empezado siquiera a relatar mis experiencias en este sentido. En realidad, nunca podré contarlo todo. Hemos llegado casi al final de esta breve disertación, pero permíteme repasar algunos ejemplos bíblicos de esta quinta dimensión: Así comenzó todo, con un Espíritu: ¡Dios! «Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren» (Juan 4:24). «En el principio creó Dios los cielos y la Tierra [...] Y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas» (Génesis 1:1,2). Este tema es tan ilimitado que sería imposible agotarlo en esta charla. ¡Pero lee la Biblia, y hallarás a lo largo de ella pruebas, relatos y declaraciones categóricas de la existencia de ese mundo espiritual pentadimensional! Incluso hubo casos en que sus personajes inmortales, luego de trasponer el glorioso umbral de la muerte, regresaron para narrar su vivencia.
Otros fueron elevados al mundo espiritual para ver un atisbo del mismo; muchos captaron mensajes del más allá. ¡Y otros hemos estado allí! ¡Es extraordinario, tan paradisíaco que es algo del otro mundo! ¡Te va a encantar! ¿Por qué no te adentras en él? No tienes nada que perder.
«No es de necios cambiar una vida pasajera por un amor imperecedero.»
«El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu» (S. Juan 3:8).
Tuesday, May 01, 2007
The Prosperity Gospel

No tengo nada que aportar, solo tengo la seguridad de que este Evangelio es otro Evangelio, por lo tanto es uno FALSO!! Y los que estan siguiendolo tengan mucho cuidado, su vida depende de ello.
El que tenga oídos para oir que oiga, y el que ignora, ignore.
Como diria el Apóstol Pablo... "que nadie busque su propio bien, sino el del otro"; o el mismo Señor Jesucristo... "aquel que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discipulo". El Evangelio de la Prosperidad enseña todo lo contrario, está centrado en el YO, en lo que Dios puede hacer por MI.. etc.. ect...
Las promesas hechas a la Iglesia de Cristo, Su Novia, son promesas Eternas... basadas en el Pacto hecho con Su Sangre. Asi que miremos a las cosas de arriba, no a las de la Tierra.
No me extiendo mucho, porque me da tristeza saber que hay tan poco discernimiento entre mis hermanos hoy en dia. El sueño Americano les atrae, les encanta la plata, el bienestar, la buena ropa, los banqueteos... pero nada de ayudar al necesitado, nada de ir por el mundo a predicar el Evangelio, nada de buscar el Reino de Dios y su JUSTICIA, quieren todo del Mundo y pregonan amar a Dios. Mas sabemos que el que ama al mundo es enemigo de Dios. Punto y aparte.
Esta es una de las dagas mortales para el Evangelio de la Prosperidad... >>>>
«Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios». (Hechos 14:22b)
Monday, April 23, 2007
Sobre diezmos... II-- ¿Qué dice la Biblia?

Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.(Hechos 15:28-29)
Los Gentiles (No-Judios), convertidos al Cristianismo no debemos, ni podemos someternos a los ritos, leyes... impuestas por Dios al Israel del Antiguo Testamento... Por que? Muy fácil, porque la Ley no fué dada para el Justo (1 Timoteo 1:9-10). El Apóstol es muy claro, específicamente en el libro de Gálatas, el problema candente en esos dias era la circuncisión, tema "sagrado" para los Judaizantes de la época (algo parecido al diezmo protestante de hoy en dia). Pablo en esta epístola deja muy claro que todo aquel que se circuncida se desliga de Cristo y cae de la gracia... Veamos:
"He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo.
Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado A GUARDAR TODA LA LEY. De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído." (Gal 5:2-4)
Pero ¿por qué? cuál sería la razón por la cual Pablo fué tan drástico, tan radical al exponer este punto... no creo que sea por el hecho de simplemente cortar el pedazo de carne, o por seguir un rito... A mi entender la respuesta es mas clara en el libro de Hebreos, en el Capitulo 10:29... Veamos,
¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda LA SANGRE DEL PACTO en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?
El simple hecho de volver a la Ley, a querer justificarnos en base a la Ley Mosaíca es practicamente pisotear la sangre del pacto y hacer afrenta al Espiritu de Dios. Suena fuerte y feo, lo sé, pero eso es lo que dice la Biblia.
El Diezmo Levítico, asi como la Circuncisión están los dos incluídos en la Ley de Moises. Dado el caso no se puede, ni se debe pedir ni mucho menos exigir a los Gentiles que se arrepienten de sus crímenes y reciben al Señor Jesus como su Señor a que sigan esta serie de ritos y leyes antiguas, que no tienen poder para salvar y mucho menos poder para convertir el corazón de una persona.
Ahhhh!! Y para los que estén pensando que el Diezmo fué usado por Abraham y Jacob, (Antes de La Ley) me gustaría recordarles que no fué una ordenanza de Dios para con ellos, no así como la circuncisión, la cual SI!! fué establecida como un pacto, entre Dios y Abraham. Pero en la Ley de Moises, los dos (Diezmos y Circuncisión) fueron incluídos como una ordenanza (para un pueblo rebelde). Al estar impuestos en La Ley, son invalidados y clavados en la Cruz por nuestro Señor Jesucristo. (Colosenses 2:14)
Dado el caso, la circuncisión tendría mas valor, y debería ser "exigida" por los defensores del pacto Abrahamico, o los Judaizantes modernos, pero... pero... El Espiritu Santo es demasiado claro con respecto a estos asuntos... Volver a cualquiera de ellos es pisotear la sangre derramada por el Señor Jesus, hacerla inmunda, y desligarse de Cristo para siempre... Tan simple como ABC!!!
Bendiciones.
Sunday, April 15, 2007
Sobre "diezmos" y "ofrendas"...

Tema controversial, y casi sagrado para muchos. No queriendo causar controversia me he tomado la molestia de leer lo que pensaban sobre este tema en la Iglesia Primitiva. He notado como la Iglesia Primitiva no practicaba el Diezmo Levitico por considerarlo parte de la Ley Mosaica, y si recibia ofrendas voluntarias de los Hermanos que estaban dispuestos a dar por amor, nunca por obligacion o miedo. Y que estas ofrendas voluntarias eran usadas para ayudar a los necesitados (vuidas, huerfanos, enfermos, pobres, etc...)
Aqui tres comentarios hechos por Irineo de Leon, Tertuliano y Justino Martir (Hombres que dieron su vida por el Evangelio de nuestro Senor Jesucristo)
"Por lo tanto no necesitamos de la ley como pedagogo; he aquí que nosotros hablamos con el Padre y estamos en su presencia convertidos en niños sin malicia y afincados en la justicia y honestidad. La Ley, en efecto, no afirmará más: (...) no exigirá los diezmos de quien ha consagrado a Dios todos sus bienes y ha dejado padre, madre y toda su familia para seguir al Verbo de Dios" (Ireneo de Lión, Demostración de la predicación Apostólica 96)
"Y aunque exista entre nosotros una caja común, no se exige una suma obligatoria a los elegidos, como si la religión fuera sacada a subasta. Cada cual entrega una módica suma un día fijo del mes, cuando quiere y si quiere y si puede, porque a nadie se le obliga a dar: cada uno contribuye espontáneamente. Estos son unos fondos de ayuda, porque de ellos no se saca el dinero para banquetes o fiestas ni estériles comilonas, sino para alimentar y sepultar menesterosos, y niños, y doncellas y huérfanos, y a los criados y a los ancianos..." (Tertuliano, Apologético. Cap. XXXIX)
"Cuantos disponen de bienes y quieren dan libremente lo que les parece. Lo recogido se deposita en manos del que preside, quien se encarga de socorrer a los huérfanos, a las viudas y a quienes por enfermedad o cualquier otra razón se hayan necesitados. También a los presos (Se refiere a cristianos encarcelados por serlo) y a los huéspedes llegados de lejos." (Justino mártir, Misterios cristianos, 67)
Friday, April 06, 2007
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?
Dios mío, clamo de día, y no respondes;
Y de noche, y no hay para mí reposo.
Pero tú eres santo,
Tú que habitas entre las alabanzas de Israel.
En ti esperaron nuestros padres;
Esperaron, y tú los libraste.
Clamaron a ti, y fueron librados;
Confiaron en ti, y no fueron avergonzados.
Mas yo soy gusano, y no hombre;
Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.
Todos los que me ven me escarnecen;
Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo:
Se encomendó a Jehová; líbrele él;
Sálvele, puesto que en él se complacía.
Pero tú eres el que me sacó del vientre;
El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre.
Sobre ti fui echado desde antes de nacer;
Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios.
No te alejes de mí, porque la angustia está cerca;
Porque no hay quien ayude.
Me han rodeado muchos toros;
Fuertes toros de Basán me han cercado.
Abrieron sobre mí su boca
Como león rapaz y rugiente.
He sido derramado como aguas,
Y todos mis huesos se descoyuntaron;
Mi corazón fue como cera,
Derritiéndose en medio de mis entrañas.
Como un tiesto se secó mi vigor,
Y mi lengua se pegó a mi paladar,
Y me has puesto en el polvo de la muerte.
Porque perros me han rodeado;
Me ha cercado cuadrilla de malignos;
Horadaron mis manos y mis pies.
Contar puedo todos mis huesos;
Entre tanto, ellos me miran y me observan.
Repartieron entre sí mis vestidos,
Y sobre mi ropa echaron suertes.
Mas tú, Jehová, no te alejes;
Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme.
Libra de la espada mi alma,
Del poder del perro mi vida.
Sálvame de la boca del león,
Y líbrame de los cuernos de los búfalos.
Anunciaré tu nombre a mis hermanos;
En medio de la congregación te alabaré.
Los que teméis a Jehová, alabadle;
Glorificadle, descendencia toda de Jacob,
Y temedle vosotros, descendencia toda de Israel.
Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido,
Ni de él escondió su rostro;
Sino que cuando clamó a él, le oyó.
De ti será mi alabanza en la gran congregación;
Mis votos pagaré delante de los que le temen.
Comerán los humildes, y serán saciados;
Alabarán a Jehová los que le buscan;
Vivirá vuestro corazón para siempre.
Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra,
Y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti.
Porque de Jehová es el reino,
Y él regirá las naciones.
Comerán y adorarán todos los poderosos de la tierra;
Se postrarán delante de él todos los que descienden al polvo,
Aun el que no puede conservar la vida a su propia alma.
La posteridad le servirá;
Esto será contado de Jehová hasta la postrera generación.
Vendrán, y anunciarán su justicia;
A pueblo no nacido aún, anunciarán que él hizo esto.
Tuesday, April 03, 2007
--¿Quién es mi prójimo?--

--Un hombre que descendía de Jerusalén a Jericó cayó en manos de ladrones, los cuales lo despojaron, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto.
Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y al verlo pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, al verlo pasó de largo. Pero un samaritano que iba de camino, vino cerca de él y, al verlo, fue movido a misericordia. Acercándose, vendó sus heridas echándoles aceite y vino, lo puso en su cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él. Otro día, al partir, sacó dos denarios, los dio al mesonero y le dijo: "Cuídamelo, y todo lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando regrese".
¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?
Él dijo:
--El que usó de misericordia con él
Entonces Jesús le dijo:
--Ve y haz tú lo mismo.
Mas allá del mensaje dado por Jesus a este “intérprete de la Ley”, encontramos ciertos contrastes en esta parabola que va dedicada a nosotros, los que nos llamamos Cristianos, notemos como los dos primeros hombres que pasan junto al hombre golpeado, humillado y necesitado son precisamente “Religiosos”; “hombres de Dios” como los llamaríamos en nuestro lenguaje neo-evangélico.
El Señor Jesus, toma deliberadamente estos dos ejemplos para mostrarnos que el ser en si Religioso, o “dedicado a Dios” no es un fin en si mismo. El requiere que seamos como El, que pensemos como El y sobre todo que actuemos como El. La compasión hacia los mas necesitados, vuidas, huerfanos y similares debe ser la marca del Cristiano… el sello del Espiritu Santo en nuestras vidas. “Juicio sin misericordia se hará con quien no tuvo misericordia”. (Sant 2:13)
Es inadmisible ver a un Hermano/Hermana que se jactan de conocer a Jesus, pero sus obras dicen todo lo contrario. Y no es juzgar, el Señor en su infinita sabiduría nos dejo el libro de 1 de Juan, en el cual podemos vernos en el espejo, ver y saber quien es un mentiroso y quien en realidad es un Hijo de Dios.
“En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia y que no ama a su hermano, no es de Dios.” (1 Juan 3:10)
En realidad si no amamos a nuestro prójimo, si no ayudamos, no solo de palabra pero con hechos, estamos testificando que no conocemos a Dios y que no pertenecemos a El.
El que dice: «Yo lo conozco», pero no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso y la verdad no está en él (1 Juan 2:4)
No nos engañemos, “religiones” hay miles, Cristianismo solo UNO!!
Seamos verdaderos Cristianos, demostremos que somos diferentes. No seamos muertos espirituales, a los cuales nos tienen que despertar con musica o con palabras bonitas, seamos llenos del Espiritu Santo siempre. No solo los “Domingos”.
El mundo está esperando este tipo de Cristianismo que puso de cabeza al Imperio Romano, que puso de cabeza la mundo entero… Ese Cristianismo que cambió la historia de la humanidad, de las tinieblas a la luz…
Seamos la sal de esta Tierra, no busquemos las cosas que el mundo busca. Seamos radicalmente opuestos. Si eres de El, escucharás su Voz, sino eres de El… seguirás igual que siempre… siendo una silla mas ocupada cada Domingo, entre cuatro paredes, que están destinadas al fin y al cabo a volver a ser polvo… como le pasó al famoso y aclamado “Templo de Jerusalem”.
Vamos, salgamos de nuestras cuatro paredes, el mundo se está yendo al infierno, muchos están muriendo de hambre, de Sida, de dolor... mientras nosotros seguimos en nuestras asambleas, nuestras reuniones, dias festivos, servicios y conciertos. Dejemos de imitar al Fariseo y al Levita, que al parecer iban un poco tarde para el concierto del cantante "Cristiano" del momento!!
Imitemos al Maestro, y hagamos como El dijo!!
¡Y ahora resulta que por decirles la verdad me he vuelto su enemigo! (Gálatas 4:16)
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